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Estudiantes de la Universidad de Matanzas |
Por Eduardo
Cada curso, cuando se
acercan las vacaciones de verano, me pongo un poco sentimental. Y la razón en
sí, no es porque me cada vez que un curso termina, estaré un poco más viejo.
Simplemente se gradúan nuestros muchachos después de 5 años de batalla, en los
cuales nos llegan en la mayoría de los casos, como adolescentes inmaduros, y se
gradúan transformados en un ejército de jóvenes adultos, dispuestos a modificar
el mundo que los circunda.
El graduado universitario
cubano de estos tiempos, presenta un alto nivel de calificación académica, así
como un alto componente científico investigativo y laboral en su currículo.
Cuando me recibí de ingeniero a mediados de los años 80 del siglo XX, el puesto
de trabajo de nuestra especialidad consistía en un buró cargado de libros de
las diversas disciplinas de la especialidad, manuales de máquinas herramientas,
normas técnicas de diferentes clases, instrumentos de dibujo técnico, como
cartabones, reglas T, reglas graduadas, compases, plumas de centro o
tiralíneas, reglas de cálculos, y los más afortunados contaban con una
calculadora científica o una mesa de dibujo.
Sin embargo, nuestros
estudiantes de Ingeniería, hoy emplean sofisticados sistemas informáticos
basados en métodos numéricos como los elementos finitos y volúmenes finitos,
que permiten simular el comportamiento mecánico de las maquinarias, piezas o
partes de piezas, durante su etapa de diseño, como si se tratara del artilugio
real.