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viernes, 16 de enero de 2015

Opinando sobre las nuevas medidas de la Aduana General.

Funcionario de la Aduana General de la República de Cuba
 Por Eduardo

Orlando:
No conozco un país en el mundo que no luche contra el contrabando. En los libros de historia de Cuba se cuenta, como los primeros criollos prácticamente vivieron de esta práctica que iba en contra de la política impositiva de la Corona, lo cual llevó inclusive a uno de los primeros conatos de rebelión de los descendientes de españoles en esta tierra, allá por las fértiles tierras de la comarca de Bayamo. Cuentan que llegaron inclusive los vecinos de la que después sería la cuna de nuestra nacionalidad, a desarmar a los soldados peninsulares y a encarcelar a su jefe un tal Melchor Suárez de Poago.
Yo soy del criterio de que en un futuro el país debería otorgar a personas naturales las facultades de importación que ahora poseen las empresas estatales, siempre y cuando paguen al país la cuota impositiva que corresponda. Pero esa ley en Cuba ahora no existe. Por tanto si tú viajas en cualquier medio de transporte, dígase avión o barco, o tren y pasas una frontera, y transportas mercancías más allá de lo que la lógica indica que puedan ser tus equipajes (incluyendo sobrepeso), y no posees licencia comercial que te ampare, estás transportando contrabando.

viernes, 31 de enero de 2014

El capitalismo es inhumano.


El capitalismo está destruyendo el planeta

 Por Eduardo

Orlando:
El hecho de que en un sistema un grupo de personas maltrate a otras en un establecimiento gastronómico, tal y como has leído en el periódico Granma, no es un parámetro o indicador de lo que yo llamo deshumanización. Pudiéramos definirlo como una muestra de la mala educación que en los últimos tiempos ha florecido como la verdolaga entre algunos de mis compatriotas.
Yo cuando hablo de deshumanización, me refiero en términos generales a los efectos un sistema que asigna fondos de miseria para las investigaciones para lograr una vacuna para combatir el SIDA, mientras los ejércitos se gastan miles de millones de dólares o euros, según el caso, para desarrollar armamentos de cuarta y quinta generación.
Hablo de un sistema, donde a menos de 14 horas de vuelo en avión, y esa distancia la conozco bien, porque la volé varias veces desde el Charles de Gaulle a Adis Abeba haciendo escala en Frankfurt, mientras miles de niños mueren de hambre y sed en el cuerno africano, los productores de leche de la culta y civilizada Europa, vierten miles de litros de leche en los suelos, sencillamente porque no están de acuerdo con los precios que se les paga por el precioso producto animal. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Tras el sueño de la Gran Colombia.


Así era de grande la Gran Colombia
Por Eduardo

Hace algún tiempo leí un artículo que planteaba que se podía ser derechista y ser un patriota a carta cabal. Ponía el ejemplo del general Charles de Gaulle, quien no era precisamente un representante de la izquierda, pero quien ante cualquier amenaza a la soberanía de Francia, se enfrentaba a los intereses foráneos que atacaban a su país. El General de Gaulle, desde su óptica de aristócrata, hizo todo cuanto le fue posible por la grandeza de su Patria.
Mientras el Mariscal Petain, rendía las tropas francesas y entregaba gran parte de su territorio a los nazis, incluyendo a París, él se dedicó a organizar el Ejército de la Francia Libre, con el que combatió contra la ocupación fascista. Se opuso a las políticas hegemónicas de los Estados Unidos, relacionadas con el monopolio del dólar en las relaciones monetario mercantiles a nivel mundial. Bajo su mando Francia desarrolló su propio programa de desarrollo nuclear. Su último servicio a Francia, fue poner fin a la larga y cruenta guerra que el país galo enfrentaba en Argelia con los patriotas argelinos, que concluyó con la independencia de esa hermana nación del Magreb. Por esa, y otras razones sufrió atentados contra su vida, preparados por mercenarios al servicio de las fuerzas de la ultraderecha francesa.
Lo más triste de las derechas latinoamericanas es que son lacayas, serviles, cipayas, y cuanto adjetivo duro se les pudiera endilgar. Nunca un representante de las élites burguesas latinoamericanas ha procurado el crecimiento y el bienestar de su nación. Por los recursos con que la naturaleza dotó a nuestro continente, cada uno de los grandes países de Sudamérica hubiese llegado a ser una potencia en lo económico, lo político y lo militar. Las oligarquías latinoamericanas, con tal de mantener sus privilegios de clase, han escogido el camino del entreguismo y la sumisión a los poderes imperiales, en detrimento del desarrollo de sus propias naciones.