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viernes, 25 de octubre de 2013

Vivir en Matanzas, un privilegio.



 Por Eduardo



Anónimo:

En ningún caso me gusta hacer generalizaciones, es como si alguien dijese que porque en la Antártida algunas pingüinas son lesbianas, que todas las pingüinas de ese frío lugar del mundo son lesbianas. Lo mismo pasa con nuestra tendencia cubana a generalizar y extrapolar las experiencias de un lugar hasta el último rincón de la isla. Yo conozco algunos guajiros del Valle de Guamacaro en Limonar, que tienen más de cuatro millones de pesos cubanos guardados en el Banco, y en el medio del monte viven mejor que un yuma en un Pent House de Nueva York.
A mí no se me ocurriría decir que todos los guajiros en Cuba son millonarios y andan en Jeeps que cuestan alrededor de 12000 dólares, lo cual en Cuba son una montaña de pesos. Yo veo todos los discursos de mis dirigentes. Ayer observaba las intervenciones de Marino Murillo y Raúl en la Asamblea Nacional. Se está llevando una batalla campal a nivel de todo el país contra el desorden, las ilegalidades, el burocratismo, y todos los males que afectan al sistema político cubano. Pero yo sé que en todo el mundo hay corruptos, y de buena ley. Fíjate en el escándalo del Partido Popular en España.

viernes, 17 de agosto de 2012

Havana Club vs Bacardí

 Por Eduardo

Kalida Jenaldes:
A la familia Arechavala se le indemnizó por sus propiedades. Cuando era muchacho, tenía un amigo, cuya familia vivía, aún en los años 80, de la indemnización por la nacionalización de un edificio de apartamentos. En los 60 los Arrechavala se fueron del país, porque sencillamente ya no podían darse la vida que se daban. En Cárdenas y en Matanzas, todavía se dice cuando alguien vive en el desenfreno, y gasta mucho dinero, que goza más que Carmelina Arrechavala.
Cuando se fueron ya no eran dueños de la fábrica, pero se llevaron bastante dinero de Cuba, porque tengo entendido que lo hicieron antes del cambio de moneda. Sencillamente nunca pagaron los derechos de la marca en Estados Unidos, cosa que si hizo el Gobierno de Cuba, que para mí es la representación soberana del pueblo cubano, no los gobierno de opereta que durante 50 años, le pedían permiso a la embajada yanqui para hacer cualquier cosa en este país, sobre todo para reprimir a obreros y campesinos, o frustrar Revoluciones como la del 30 que se fue a bolina.
Tú como representante de las ideas capitalistas deberías saber que el derecho de nacionalización está en todas las constituciones, incluyendo la del 40 que rigió la vida de Cuba hasta el año 1976, en que se instaura la Socialista. Por tanto nacionalizar, previa compensación no es un robo, sino poner en manos del estado una empresa o un sector de la economía. Que no te guste, ese es tu maletín. La firma Bacardí a través de un proceso espurio, le compró a los arruinados Arechavala en Miami, la marca, que ya no les pertenecía, y que hacía más de 40 años que el gobierno cubano ratificaba en Estados Unidos. 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Cartas a mis niños. La historia del ferrocarril en Cuba.


Locomotora "La Junta de Fomento"
 Por Eduardo

Queridos niños míos:
Hace algún tiempo, cuando nos bañábamos en la Playa, al pasar cerca un tren de carga, me preguntaron si esa locomotora, que por cierto era de vapor y muy antigua, era la más vieja de Cuba. En ese momento; acudiendo a mi memoria les relaté una breve historia de cómo el ferrocarril había llegado a nuestra hermosa isla. Pero como las palabras habladas vuelan al viento, como si fuesen aves migratorias en busca de cálidas tierras, y de ellas pocas veces queda memoria, hoy he decidido escribirles, el cuento de la creación del ferrocarril cubano.
Ya en el siglo XIV por toda Europa, en las minas, circulaban vagonetas tiradas por caballos que se desplazaban sobre raíles de madera. Durante el siglo XVIII, se descubrió que si los raíles de madera se recubrían de metal, al disminuir el rozamiento, las vagonetas cargadas de mineral, se desplazaban con mucha facilidad. No fue sin embargo, hasta el siglo XIX, en el sur de Inglaterra, en que aparecieron los raíles macizos de hierro y acero con la típica configuración empleada en nuestros días. Ello permitió la creación de ferrocarriles o trenes tirados por caballos.